
Es un monumento situado en la orilla derecha del río Tíber, a poca distancia de la Ciudad del Vaticano.
Iniciado por el Emperador Adriano en el año 135 y fue terminado por Antonino Pío en el 139.
El actual nombre del castillo proviene del 590, durante una gran epidemia de peste que golpeó la ciudad de Roma. El papa de la época Gregorio I, vió al Arcángel San Miguel, sobre la cima del castillo que envainaba su espada representando el fin de la epidemia.
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